En Neozink llevamos años trabajando en el mundo del marketing online y hemos vivido de primera mano todas las transformaciones que ha experimentado el sector. Un entorno en constante cambio en el que, aun así, no todas las etapas han supuesto un punto de inflexión real: muchas han sido simples evoluciones.
La que tenemos delante es diferente. Por profundidad, por velocidad y por impacto en la forma de trabajar, conviene que nos pille preparados, tanto si eres agencia de publicidad o marketing como si eres profesional o cliente.
Con el objetivo de arrojar algo de luz, iniciamos una serie de dos artículos sobre tendencias de marketing online de cara a 2026, abordadas desde dos puntos de vista complementarios. En este primer post ponemos el foco en el impacto de la tecnología —IA, automatización y data— y en cómo ya está redefiniendo el trabajo en marketing y publicidad. No hablamos de hipótesis futuras ni de predicciones vacías, sino de tendencias con las que ya estamos trabajando, aplicándolas o integrándolas en nuestros propios procesos para generar impacto real, tanto en nuestro negocio como en el de nuestros clientes.
En el segundo artículo cambiaremos el foco para analizar al consumidor: cómo evolucionan sus hábitos, su relación con los contenidos y con la publicidad, y qué implican estos cambios para las marcas y para las agencias de marketing y publicidad.
La IA dejará de ser una herramienta y se convierte en el sistema operativo del marketing
Durante años hemos hablado de la inteligencia artificial como herramienta de apoyo: para escribir textos, generar imágenes o agilizar tareas concretas. En 2026 ese enfoque ya se queda corto. La IA deja de ser un complemento puntual para convertirse en una capa transversal que atraviesa todo el proceso de marketing y publicidad.
No hablamos solo de creatividad. Hablamos de planificación, ejecución, medición y toma de decisiones. La IA empieza a integrarse de forma nativa en los softwares con los que trabajamos a diario —plataformas de paid media, CRM, herramientas de analítica, automatización o gestión de contenidos— hasta el punto de que trabajar sin ella ya es una desventaja competitiva, y en muy poco tiempo lo será aún más.

IA integrada en todo el proceso creativo (no solo en la producción)
Uno de los errores más habituales es reducir el impacto de la IA a la fase de producción: textos más rápidos, más variantes creativas, más piezas en menos tiempo. Eso ya está ocurriendo, pero es solo una parte del cambio.
La verdadera transformación llega cuando la IA se integra desde las primeras fases del proceso creativo. Hoy nos permite explorar enfoques, narrativas y territorios creativos antes incluso de producir una sola pieza. Trabajar distintos marcos de mensaje, tonos o ángulos conceptuales, contrastándolos con el contexto de marca, el sector y el público objetivo, no para “elegir el mejor claim”, sino para descartar rápido lo que no tiene recorrido.
También facilita la validación temprana de ideas. En lugar de desarrollar una única gran idea y confiar únicamente en la intuición, podemos simular escenarios: cómo podría evolucionar un concepto en distintos formatos, cómo se adaptaría a diferentes canales o cómo conviviría con otros mensajes de la marca. Esto reduce riesgos y evita invertir tiempo y recursos en caminos poco sólidos.
Además, la IA permite incorporar contexto estratégico desde el inicio: tendencias del sector, patrones de comportamiento del consumidor, aprendizajes de campañas previas o posibles objeciones del usuario. El resultado es una creatividad mejor informada, menos “inspirada a ciegas” y más alineada con objetivos reales.
Este enfoque no sustituye el criterio creativo, pero sí cambia el proceso. Permite llegar antes a mejores preguntas, acotar territorios y tomar decisiones creativas con más información y menos desgaste. La creatividad no desaparece, pero cambia su punto de apoyo: menos esfuerzo en ejecutar y más foco en decidir qué merece la pena construir.
Del uso puntual al trabajo continuo con IA
En 2026 dejaremos de hablar de “usar la IA” como una acción concreta. La utilizaremos de forma continua, integrada en el flujo de trabajo diario, igual que hoy nadie se plantea trabajar sin herramientas de diseño, analítica o gestión de campañas.
El cambio real está en el valor que aportamos como profesionales. Ya no está en producir más rápido, sino dirigir procesos, validar hipótesis y tomar decisiones con criterio. La IA amplifica capacidades, pero no sustituye —al menos por ahora— el pensamiento estratégico.
Esto no es una promesa ni una visión a largo plazo. Está ocurriendo ya.

El acceso a la información comenzará a cambiar drásticamente en 2026
En realidad, este cambio ya ha empezado en 2025. La integración de la IA en el marketing no solo afecta a cómo trabajan las marcas y las agencias. También está transformando la forma en la que las personas acceden a la información, descubren marcas y toman decisiones.
Durante años hemos trabajado con un modelo bastante estable: el usuario busca, compara, entra en webs y decide. Ese modelo no desaparece, pero empieza a perder centralidad. Los sistemas basados en IA introducen nuevas capas de intermediación entre las marcas y las personas, cambiando las reglas del juego.
Menos tráfico no significa menos relevancia
Uno de los efectos más visibles de este cambio es la reducción progresiva del tráfico a las webs. A medida que los modelos de búsqueda basados en IA ofrecen respuestas más completas y contextualizadas, muchos usuarios obtienen la información que necesitan sin hacer clic.
Esto puede llevar a una lectura precipitada y errónea: menos tráfico como sinónimo de pérdida de relevancia.
La web no deja de ser importante. Al contrario:
- es el núcleo de la identidad digital de la marca,
- es la fuente de verdad sobre la que se apoyan muchos modelos de IA,
- y es donde se construyen credibilidad, coherencia y profundidad de mensaje.
La diferencia es que cada vez menos será el primer punto de contacto y más una pieza clave dentro de un ecosistema más amplio.
Nuevas reglas de visibilidad
La irrupción de sistemas de búsqueda y recomendación basados en IA introduce nuevas reglas de visibilidad. Ya no competimos solo por posicionar una página en Google, sino por ser relevantes dentro de respuestas generadas, comparativas automáticas o resúmenes inteligentes.
Esto obliga a replantear preguntas que empiezan a ser clave:
- ¿Cómo aparece nuestra marca cuando alguien pregunta a un modelo de IA?
- ¿Qué información utiliza para describirnos o recomendarnos?
- ¿Qué señales de autoridad, especialización y coherencia estamos transmitiendo?
Durante 2026 veremos mucha adaptación en este terreno. Queda todavía mucho recorrido por delante.

Repensar el rol de la web
En este nuevo contexto, las webs no pueden seguir diseñándose solo como repositorios de información o catálogos de servicios. Su papel evoluciona hacia algo más estratégico:
- ser un activo de confianza,
- aportar profundidad frente a respuestas superficiales,
- reforzar la identidad y el relato de marca.
Que llegue menos tráfico no implica menos importancia de la web ni menos ventas. Implica que cada visita cuenta más y que la experiencia debe responder a un usuario que llega más informado y con expectativas más claras.
Automatización y data como base del rendimiento
Durante mucho tiempo, la automatización en marketing se ha percibido como algo avanzado, casi exclusivo de grandes compañías. En 2026 esa percepción deja de tener sentido. La automatización pasa a ser el mínimo competitivo: no un extra ni una ventaja por sí sola, es la base de cualquier estrategia eficiente.
Más canales, más impactos, más competencia y usuarios cada vez más exigentes hacen que no aprovechar bien los datos sea perder oportunidades. Cada contacto, cada lead y cada interacción cuentan. Y la única forma viable de gestionarlos con sentido es a través de sistemas automatizados bien diseñados.
Aquí muchas agencias lo vemos a diario: buenas campañas que se ven frenadas por procesos de gestión de leads obsoletos o mal definidos. Eso, sencillamente, ya no es sostenible.
Más accesible, pero también más exigente
La automatización es hoy más accesible que nunca. Existen más herramientas, más integraciones y menos barreras técnicas. Pero esa accesibilidad tiene una cara menos cómoda: automatizar mal es ahora mucho más fácil.
Flujos sin lógica, mensajes fuera de contexto o automatizaciones que replican procesos manuales sin aportar inteligencia no solo no ayudan, sino que amplifican errores y generan fricción.
Automatizar no es montar herramientas. Es:
- entender bien el funnel y el momento del usuario,
- diseñar recorridos coherentes entre marketing y ventas,
- decidir qué datos importan de verdad y cuáles no.
La automatización sin control no sirve de nada 😉
No todas las agencias —ni todos los clientes— están preparados
Conviene decirlo con claridad. No todas las agencias de marketing o publicidad están preparadas para trabajar bien con automatización y data. Porque aquí ya no hablamos solo de campañas o creatividad, sino de procesos, sistemas y negocio.
Y tampoco todos los clientes están preparados. Algunas empresas no tienen aún la estructura, los procesos o la cultura necesarios para gestionar correctamente leads y datos. En esos casos, una buena campaña no escala: colapsa. Una situación que muchas agencias hemos sufrido más de una vez.
El dato como activo estratégico
Acumular información sin una lectura clara no aporta valor. Lo que marca la diferencia es qué datos se utilizan, para qué y en qué momento.
La automatización bien planteada permite:
- personalizar sin ser invasivos,
- activar mensajes cuando tienen sentido,
- medir impacto real en negocio,
- optimizar recursos en entornos saturados.
En este escenario, la venta deja de ser un paso aislado y pasa a situarse en el eje central de cada acción, sin que eso signifique perder foco en marca o experiencia.

Marketing 100 % orientado a negocio (y cambio real de perfiles)
Todo lo anterior —IA integrada, automatización, data y nuevos modelos de acceso a la información— apunta en una misma dirección: el marketing deja de ser un área principalmente operativa para convertirse en un área claramente orientada a negocio.
En 2026 ya no tendrá sentido hablar de marketing y ventas como compartimentos estancos. Las decisiones de marketing estarán cada vez más conectadas con objetivos reales de negocio: ingresos, eficiencia, escalabilidad y sostenibilidad a medio plazo.
El auge de perfiles híbridos
Este cambio se refleja de forma muy clara en los perfiles profesionales que empiezan a ganar peso:
- Perfiles híbridos entre marketing y ventas.
- Marketers con visión de negocio y capacidad analítica.
- Direcciones cada vez más implicadas en la definición de la estrategia de marketing.
La frontera entre “hacer marketing” y “hacer crecer el negocio” ya ha desaparecido. Y eso exige profesionales capaces de entender no solo canales, formatos o campañas, sino cómo encajan dentro de un sistema completo.
Las tendencias tecnológicas que marcarán el marketing en 2026 no van solo de herramientas. Van de cómo trabajamos, qué perfiles necesitamos y qué valor aportamos realmente a los negocios.
En el próximo artículo de esta serie cambiaremos el punto de vista para analizar estas mismas transformaciones desde el lado del consumidor: cómo cambian sus hábitos, su forma de consumir contenidos y su relación con la publicidad y el marketing, y qué implica todo ello para marcas y agencias.




